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martes, 22 de septiembre de 2015

Los smart también fingen que están enfermos

Konnichiwa! / Konbanwa!

Aquí estoy un día más escribiendo desde mi smartphone para contaros alguna que otra curiosidadad, tanto propia como ajena. 

Hoy os voy a contar la historia de un niño...

Él estaba muy feliz durmiendo; la noche anterior se acostara tarde y estaba cansado. Pero resultó que al día siguiente lo hicieron despertarse temprano Quería quedarse en cama, así que decidió emplear una estrategia que a cualquiera de nosotros nos habrá funcionado en algún momento de nuestra vida.

Cuando le ordenaron levantarse, lo hizo. Se acicaló y fue a desayunar. Y cuando le tocó salir para la escuela... ACHÚ! Estornudó. Lo intentó se nuevo y... ACHÍS!! Y así se puso toda la mañana. La fiebre le había subido y no se concentraba mucho.

Su mamá, preocupada, empezó a tomarle la temperatura (ardía!), le puso unos paños húmedos para que le bajara. Le dio un jarabe contra aquel virus que asolaba el cuerpo de su pequeño; pareció funcionar. Le dejó reposar tranquilo y así pasó parte del día.

Cómo parecía que no mejoraba, la mamá llamó al médico para pedir cita y, dos horas después, ya estaban en la sala de espera. Había muchos niños aquel día. ¿Sería un virus? De la consulta del pediatra salían padres aliviados y padres tan enfadados que parecía que un volcán iba a erupcionar. La mamá se preguntaba a qué se debería aquello.

Llegó su turno. El médico le hizo las pruebas pertinentes. La mamá salió furiosa. ¿Por qué?  Su hijo había fingido estar enfermo para no ir a la escuela aquel día. Incluso le extrañó aquello, pues era un niño inteligente que gustaba de estudiar. 

Desde entonces, la mamá controló todas aquellas veces que su hijo "enfermaba" con lupa.

El título de la entrada no es ninguna coña, os lo juro (con "smart" me refiero a "smartphone"). Hoy mi teléfono enfermó de verdad. Cada vez que lo conectaba al Wifi o a los datos móviles KAPUM! reinicio y vuelta a empezar. Solo iba bien cuando no lo conectaba y así se tiró más de medio día. En cuanto fui por la tarde al técnico para ver que le pasaba, el condenado empezó a trabajar como si no hubiera pasado nada. Conectaba bien a Internet y no se apagaba en absoluto. Mi cara debió ser épica, porque me estaba muriendo de la vergüenza. Y el mío no era el único caso: allí también estaba otra chica con el problema idéntico al mío. Lo que pasó es que a ella sí que se le apagó cuando puso los datos.

Y de ahí se me ocurrió la historia de antes. Buena comparación, ¿no?


Ciao
Akatsuki



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