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martes, 23 de septiembre de 2014

Hay días en los que el destino solo quiere reírse

Konnichiwa!
 Estábamos esta mañana tan tranquilas y relajadas en clase (tanto que por puro milagro más de una no nos dormimos) cuando de pronto oímos unos ruidos provenientes del exterior que inquietaban más por momentos. Poco después nos dimos cuenta que comenzaban a trabajar justo encima de nuestra clase, y veintiséis pares de ojos miraban intranquilas hacia el tejado, de donde venían los ruidos. Malditos taladros... Lo que más nos preocupaba era que el techo se nos cayera abajo, y no lo digo porque sea la típica frase que suelen soltar en casos como este. Va en serio: parte de las placas que conforman el techo están descolocadas o con un riesgo enorme de caerse sobre cualquiera que pase por debajo, de hecho tenemos alguna que otra gotera que no dan reparado ni por asomo, vamos.

 Y así nos pasamos tres hermosas, relajantes y tranquilas horas.

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