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domingo, 15 de enero de 2012

Trolleada en el campo

Ohaiyo!!
Ayer hablaba sobre mi vecino troll y sus primos, ¿recordais? Pues bien, resulta que el troll no fueron ellos, sino el árbitro que le tocó a mi hermano en el partido.
Y es que si se puede resumir su actuación, sería de esta forma: el tío definitivamente está más cegato que yo. El Meicende jugó contra al Calasanz (un equipo que está en los primeros puestos de la clasificación), y al principio íbamos ganando nosotros y todo iba bien hasta que llegó el segundo gol del Calasanz, el cual debía de ser anulado. ¿Por qué? El gol se produjo cuando el árbitro aún estaba colocando la barrera del Meicende y el otro tiró antes del aviso del árbitro. El caso es que lo único que se ganó el tío fue una masa que estuvo a gritos con él durante todo el partido.
Tiempo más tarde, a finales del 1º tiempo, uno de los nuestros despejó un balón que salió fuera del campo. El caso es que no sabemos que demonios vio el árbitro, pero el caso es que él pitó un penalti donde no lo había, asegurando que el jugador había cometido una falta grave. Nuevo griterío del público.
El 2º tiempo fue de lo peor. Un chico de Laracha que juega por nosotros iba con otro atacando. De repente, el que lo acompaña le mete la zancadilla a un contrario que cae y se pita falta. Pero, resulta que este niño acabó por golpear con el pie en la cara al de Laracha, y por poco lo deja sin un ojo. El árbitro sigue a lo suyo y no presta atención a lo que ocurre a sus espaldas. Cuando los familiares lo vemos llorando y con la cara tapada con las manos, comenzamos a gritarle al árbitro para que vaya a socorrer al niño, pero este lo interpretó como un abucheo y no hizo caso. Cuando se giró y vio, el niño ya llevaba un buen rato en esa posición y con un dolor insoportable. La coña es que aún nos pide disculpas que nosotros no aceptamos y continuamos por llamarlo de todo lo que se nos ocurrió. Por suerte, las únicas secuelas que llevó el niño fueron la cara y un susto, y la madre casi entra en un estado de histeria. La desgracia no tardaría en repetirse...
 Roberto, otro de los nuestros, iba peleando con otro para conseguir el balón. Se acercan demasiado a la banda y caen de bruces. En ese momento, la única niña que juega en el equipo sufre una zancadilla y cae. El árbitro acude a cercionarse de que está bien y sigue el partido. El caso es que no ve a Roberto, quién está tirado en el suelo en posición fetal y sin moverse. Su padre y el resto comenzamos a llamarlo de nuevo para que vaya junto a él, pero el tío no reacciona y no es hasta que se acerca lo suficiente a la banda cuando lo ve. Por fortuna el niño estaba bien pero pudo haberse roto el tobillo sino llega a ser por la protección que llevaba: el otro le había hecho una entrada muy fuerte en un intento por robarle el balón y le dio en el tobillo. De nuevo, pide disculpas por lo ocurrido y la única respuesta que recibe es la de la madre de nuestro portero: "Dormirás bien esta noche, ¿verdad árbitro? Con el remordimiento en mente, ¿verdad?" Por medio del padre del mismo chico nos enteramos que supuestamente el tío tenía problemas personales y que estaba muy nervioso. Eso estaría bien de no ser  porque ya nos hizo lo mismo la semana pasada, y (también acabó regalando el partido al contrario).
El partido terminó con un 5-3 a favor del Calasanz, pero tres de los goles no debían valer (el 2º, el penalti y que se produjo tras la falta no pitada a favor de Rober). En otras palabras, el tío les regaló el partido. A los únicos a los que pitaba las faltas eran a los nuestros y las de los otros salían impunes. Salimos del campo llamándolo de todo y rezando para que no nos toque en el próximo partido. Nunca he tenido tantas ganas de patear a alguien como en ese momento. Y es que yo soy miope, ¡pero ese está más ciego y sordo que yo! Y no somos los únicos que se quejan de él.


Ciao 
Akatsuki

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